La naturaleza es nuestro entorno más esencial. Es el lugar en el que podemos conectar con nuestro "yo interior".
Nuestro ser natural necesita de este contacto habitual para fluir. Cuando falta ese contacto nuestra naturaleza se desequilibra y eso se traduce en desarreglos interiores y exteriores.
Desde que fui madre valoro aún más el contacto natural y noto de forma más intensa el beneficio de tener este contacto habitualmente en el ser humano.
En los niños, que son puros, se nota de una forma muy notable. Cuando el niño no sale a la naturaleza tiene una actividad más agitada y difusa, le cuesta más concentrarse, y también recuperar su serenidad interior.






