Cuando nace un niño, nace también una madre. Ese es el momento justo en que tu antiguo "yo" desaparece y renace un nuevo ser humano, una nueva mujer, una nueva madre.
Todas las madres experimentamos esa transformación vital desde lo más profundo de nuestras entrañas. Una transformación interior y exterior. Un cambio en nuestro círculo de energía, en nuestra forma de relacionarnos con los demás, en nuestras rutinas, en nuestras prioridades, en nuestra razón de ser.
La naturaleza nos ha regalado un instinto genuíno sólo para nosotras. Un instinto único para poder desempeñar el papel más importante de nuestra vida: ser madres.






