jueves, 15 de febrero de 2018

Lo más cómodo para el adulto NO suele ser lo más respetuoso con el desarrollo natural del niño



Hoy sentí la necesidad de hablar sobre esta tema, a raíz de los comentarios que recibí en un post que compartí en facebook. Cuando hablo de algunos temas de crianza, me da miedo, a veces, expresarme con libertad porque siento que es difícil hacerlo por escrito sin herir sensibilidades.

Los niños tienen un ritmo biológico diferente al nuestro. Su cerebro funciona de una manera distinta a la del adulto. Esto hace que entre el niño y el adulto haya una brecha que a veces es difícil de salvar.

Los adultos nos movemos en base a objetivos externos, perseguimos la eficacia, el resultado. Cuando los niños actúan, también tienen objetivos internos, es por ello que disfrutan tanto del proceso como del resultado. Si pides a un niño que limpie un cristal, gozará viendo el cristal limpio cuando finalice la tarea, pero gozará, tanto o más, limpiando, viendo el agua moverse, el jabón caer, las gotas desaparecer... El niño disfruta del proceso.

Es por todo esto que el ritmo natural de los niños es lento, repiten, se recrean. El ritmo del adulto es rápido y ahí es donde empiezan a surgir las primeras grietas entre adulto y niño.

Al adulto esto le quema, le causa desasosiego, incluso. El adulto siente el impulso de ayudar al niño para que termine, pero es que el adulto no comprende que para el niño la meta no es terminar, la meta es también el goce del proceso, de perfeccionarse. 

Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para su desarrollo
María Montessori

¿Para qué vamos a cambiar el modo de hacer las cosas si así es más cómodo? Aparentemente no tiene sentido. 

  • Es más cómodo dar de comer al niño sin manchar una gota la cocina que darle trozos y tener que limpiar pedazos de brocoli, guisantes y zanahoria cocida de lugares de tu cocina que no sabías ni que existían.
  • Es más cómodo vestir al niño en dos minutos, que esperar durante treinta largos minutos a que decida meter la pierna dentro del pantalón, conteniendo nuestros impulsos como en nuestras peores pesadillas, como cuando soñamos que corremos a cámara lenta en una competición. El corazón nos late, el minutero va pasando y tú sólo ves a tu hijo en pelotas mientras observa, ya durante más de cinco minutos, una pelotilla que ha encontrado entre los dedos de su pie derecho.
  • Es más cómodo utilizar una hamaca eléctrica con música, balanceo, ritmo y hasta con vibración, que cargar al bebé mientras pones 5 lavadoras, pasas la mopa y haces la cama. Eso lo tendrían que homologar como deporte olímpico. 
  • Es más cómodo meter al niño en la sillita y llegar a casa en 5 minutos, que volver caminando a casa y detenernos en cada baldosa y saberte ya hasta el número de adoquines que tienes de casa al parque más cercano. 
  • Es más cómodo poner al niño la tele mientras nosotros preparamos la cena en unos minutitos que pedirle al niño que nos ayude a cocinar y tardar una hora de reloj en hacer una tortilla francesa y al final tener una cocina tan sucia que prefieres apagar la luz y mudarte de casa que limpiarla.
  • Es más cómodo rodear al niño de plástico para que no rompa nada que darle la posibilidad de participar en las tareas y servirse de herramientas reales mientras vigilamos permanentemente.
  • Es más cómodo cambiarle el pañal tumbado que hacerlo de pie cuando ya camina, con el  riesgo pertinente de que todo el baño acabe siendo un gran pastel de caca.  


Podría seguir poniendo muchísimos más ejemplos, tantos como situaciones diarias con niños se nos ocurran. Es una realidad. Sus necesidades son diferentes a las nuestras. Ellos aún no tienen la madurez suficiente como para adaptarse, de manera consciente, a nuestras necesidades, aunque, frecuentemente, nosotros les obligamos a hacerlo de forma inconsciente.

La sociedad ha evolucionado tanto que algo tan esencial como es criar se ha desnaturalizado por completo para dar respuesta a nuestras necesidades, cada vez mayores. Es el mal de la necesititis que dice el psicólogo Rafael Santandreu.

Y cuando defiendes una forma de criar o educar basada en el desarrollo natural del ser humano te tachan de radical. Pensándolo bien, sí puede serlo. ¿Acaso las necesidades del niño han de ir siempre por delante de las del adulto? 

Probablemente no. En mi opinión personal hay ciertas necesidades esenciales a las que el adulto no puede renunciar porque, ante todo, los niños necesitan adultos felices para estar bien. Entonces surge otra pregunta para reflexionar  ¿Cuánto necesitamos para estar felices? Realmente necesitamos poco para ser felices, en nuestro mente tenemos muchas necesidades ficticias.

Si hoy dejas que coma sólo mañana se sentirá más seguro ante nuevas experiencias y sabrá establecer sus gustos y prioridades. Si hoy sacas paciencia para dejar que se vista, mañana habrá aprendido que es capaz de vestirse sólo. Estará motivado para intentar retos más grandes. Si hoy le permites que se entretenga 30 minutos al volver del parque mañana tendrá más experiencia y orden en su mente. Si hoy dejas que beba de un vaso de cristal mañana sabrá cómo moverse ante el mundo real. Si hoy le integras  en las tareas y quehaceres diarios mañana será una persona libre, segura y autónoma. 


Nosotros sí que tenemos esa capacidad y esa consciencia. Tal vez esto no nos guste pero; lo que para nosotros es más cómodo no suele ser lo más respetuoso con el desarrollo natural del niño.

Estos no son unos años cualquiera para nuestros hijos, son LOS años.  Darles la posibilidad de seguir su ritmo y tener sus necesidades naturales cubiertas tendrá repercusión durante toda su vida. Es ahora cuando se están creando los cimientos del adulto en que se convertirán. Nosotros somos los que decidimos qué queremos que pese más en la balanza de la crianza y la educación. Tenemos el poder de decidir y de encontrar  un equilibrio que nos haga sentir felices como familia, pero tomemos esa decisión desde el conocimiento, desde la consciencia. 



Sí, así es. Las necesidades del niño y del adulto son diferentes. Nuestros ritmos también lo son. El nuestro se ha desnaturalizado tanto que a veces yo siento que estamos en una rueda que gira y gira sin parar. Corremos como un hamster enjaulado, y cuanto más corremos, la rueda gira más rápido y sientes la necesidad de volver a acelerar.


Cierra los ojos, respira, visualiza, hazte consciente. 
Tu tienes la capacidad de elegir, de bajarte de la rueda, o volver  a subir cuando lo necesites
¿De verdad lo necesitas? RESPIRA


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4 comentarios:

  1. Total y absolutamente de acuerdo con todo lo que expresas

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  2. Buenas tardes, en primer lugar quiero decir que me parece fatal que se te cuestionen cómo madre las decisiones que tomas respecto a tus hijos, porque cada uno hace lo que cree y sabe que es mejor para sus hijos. Nadie debería molestarse porque críes a tus hijos de diferente forma a la suya, pero parece que sí. Y dicho esto, yo creo que la clave es encontrar un equilibrio, no creo que tampoco sea sano posponer siempre tus necesidades respecto a las de los niños. Un niño también debe crecer sabiendo que todos somos importantes, que para poder cuidarlo y educarlo cómo se merece, tú también debes cuidarte y estar bien física y mentalmente.Puede que tú portees a tu hijo todo el día, dejes qué coma solo y esto está genial, pero también si eso te genera malestar tanto a nivel físico como emocional, pues eso se acabará transmitiendo en tu relación con el niño. Quizá el hecho de hacer esas afirmaciones de"lo mejor para el niño no es lo más cómodo para tí..." con ejemplos, pues entiendo que haya gente que se moleste,no me parece la manera más adecuada de plantearlo. Porque cada uno hace las cosas lo mejor que sabe, y no hay una única forma.

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  3. Pues me parece que tienes toda la razón, y a mí me da mucha pena cuando veo ciertos comportamientos de padres con sus hijos que parecen no entender que tienen un ritmo diferente.
    Igual que también creo que los niños a veces tienen que aburrirse y hacer un "plan de mayores" para que entiendan que algunas veces los papás quieren ir a otros sitios que no son el parque, el chiquipark o el cine. Sin que ello suponga dejarlos sentados en la trona sin hacerles ni caso o darles el móvil para que estén callados.

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  4. Tienes razón (y a mí no me pareces para nada irrespetuosa como dice un comentario previo).

    Es difícil, creo que para todos los padres, compaginar la vida famimiar con los trabajos. Yo veo en el cole que todos vamos corriendo... intento en la medida de lo posible no hacerlo,pero inevitablemente caigo a veces. Qué se le va a hacer...! A seguir intentándolo... jeje

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